Un anillo, una promesa Escrito por Isabel, "Everest".
Alfons decidió poco antes de irse a Argentina que lo mejor para demostrar su amor era un anillo de prometida.
A través de Nati la hermana de Vero, Alfons averiguó que los anillos que Vero tenía eran de la medida 18, pero esto aquí nos parecía muy extraño pues tenía que tener unas manos muy grandes y no podía ser. Después de probarnos varios anillos de varias medidas decidimos que Vero debía tener la 14, que era la medida más corriente en todas las mujeres que nos probamos anillos.
También sabía que le gustaba el oro blanco y no le gustaban los pedruscos grandes.
Con todos estos datos organizamos una comida con parada en la joyería para que Alfons comprara el anillo, los participantes éramos Alfons (como no) Esfera, Prozac y yo (la que suscribe Everest).
En la joyería mientras Alfons con su formalidad característica escogía un anillo que gustara a Vero, nosotros nos probábamos todo lo que podíamos y Esfera me enseñaba la pierna donde tenía las heridas de guerra (caída de moto morrocutuda, con tornillos y todo).
La señora de la joyería, con paciencia infinita delante de aquellos elementos (nosotros), le enseñaba a Alfons los modelos más actuales en anillos de prometida y llego el momento crucial de la pregunta.
Señora - ¿Qué medida tiene?
Alfons - No lo sé seguro
Señora - Más o menos, ¿Cómo tiene las manos?
Nosotros - No las ha visto
Señora - No se habrá fijado bien, bueno no se preocupe se puede cambiar.
La señora no nos había oído, o pretendía no haberlo hecho pues no nos hizo ni caso y siguió con los tramites de la compra-venta con Alfons.
Poco tiempo después salimos todos contentos, Alfons más, pues llevaba el anillo en el bolsillo dispuesto a viajar hasta Rosario.